... Mas bien endulzan las letras
como las flores de una corona,
trenzando racimos de palabras, versos y tretas.
Es un don, hasta una alquimia:
misteriosa, cegadora y compleja.
En ella se vuelca el alma,
en hilos rojos bombeando a cada centímetro del cuerpo,
envite emociones que la voz no llega a alzar
ni dentro ni fuera de nuestros cuellos.
El sendero bermellón que circula como venas comienza a tornasolarse en un negro cielo
y con nuestra ayuda,
puño y letra,
nuestros poemas destellan en él como estrellas y luceros.
Siempre fue difícil encontrarle sentido a mis versos,
capaz que la prosa siempre ha ganado el primer puesto,
pero aquel bardo, poeta de ojos tórridos y cansinos,
ha sacado mi propia poetisa del cruel encierro.
Tengo el descaro de irrumpir dentro de tus rimas,
un poco encubierta bajo mi capa, se esconden mis miedos.
Pero sé que, a este numen bardo,
le agradezco plenamente
ser la inspiración de mis mediocres versos.
como las flores de una corona,
trenzando racimos de palabras, versos y tretas.
Es un don, hasta una alquimia:
misteriosa, cegadora y compleja.
En ella se vuelca el alma,
en hilos rojos bombeando a cada centímetro del cuerpo,
envite emociones que la voz no llega a alzar
ni dentro ni fuera de nuestros cuellos.
El sendero bermellón que circula como venas comienza a tornasolarse en un negro cielo
y con nuestra ayuda,
puño y letra,
nuestros poemas destellan en él como estrellas y luceros.
Siempre fue difícil encontrarle sentido a mis versos,
capaz que la prosa siempre ha ganado el primer puesto,
pero aquel bardo, poeta de ojos tórridos y cansinos,
ha sacado mi propia poetisa del cruel encierro.
Tengo el descaro de irrumpir dentro de tus rimas,
un poco encubierta bajo mi capa, se esconden mis miedos.
Pero sé que, a este numen bardo,
le agradezco plenamente
ser la inspiración de mis mediocres versos.
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