Ruge el cielo a estas horas.
La lluvia anuncia su llegada y golpea contra la tierra como pequeños tambores. Las plantas se nutren, refrescan sus hojas, respiran libertad bajo sus gotas liberadoras.
Siempre amé la lluvia. Amo la forma en que puede mejorar todo con sólo su contacto en la piel, cerrar cicatrices, barrer pensamientos y humedecer nuevos brotes de tranquilidad en nuestra mente. Bajo la lluvia, todo está bien.
El corazón late acompasado con el viento, el pelo se convierte en una especie de telaraña rociada de perlas brillantes, el agua traspasa la ropa y nos invaden los escalofríos... Y se siente perfecto.
Siempre amé la lluvia. Me permitió y me permite pensar claramente, dejar los filtros, concentrarme en esa sensación que me hace bien... Me gustaría que todos los días sean lluviosos, asomarme a la ventana con cara de infante enamorada, colmar mis pulmones de petricor, dibujar flores con las gotitas en los vidrios... sentir que estás en mi espalda viéndome de una forma que nadie me ha visto.
Mi alma es como la lluvia apacible, es transparente como el agua, es acogedora como el sonido de su caída... Es mi reflejo más sincero en este plano mortal.
Amo la lluvia. Y amo que hayas sido el único que me verá vestida de ella.

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