“Contemplar el mundo enseña a embellecerlo”
Raúl González Tuñón.
Raúl González Tuñón.
Después de matarme en busca de alguna frase, párrafo o siquiera alguna línea que me conmueva al ciento por ciento, después de leídas y leídas exhaustivas al material, creyendo que se me iban a prender fuego las hojas mientras las pasaba con rabia, la que me tenía descolocada, encontré el título del artículo de Tuñón. Lo debo haber pasado unas cuarenta veces y media, y recién ha llamado mi atención.
Creo que cuando uno lee esta frase, lo primero que atina a hacer es contemplar su propio mundo, el propio hábitat como lo es mi casa en este preciso momento. Miré de lado a lado, me escabullí entre las patas del bargueño de mi abuelo, trepé por las paredes infinitas y rasposas por la culpa del salpicré, recorrí los pisos de madera vieja, miré atenta los papeles desparramados por el escritorio, una botella vacía de jugo y también todo lo que era iluminado por la luz de la computadora y podía mínimamente vislumbrar.
Y encontré aquella belleza de mi mundo…
Algunos dirán que vivo en una casa de ancianos, con muebles torneados de algarrobo sólido, superficies de gélido mármol y ecos profundos con sólo pronunciar una palabra en el cuarto alto y vacío. Lo encontré demasiado bello. Siempre consideré hermoso el silencio, y más el de la noche, la justa tranquilidad para escuchar los engranajes de mi cabeza o simplemente el rechinido típico y estrafalario de las casas viejas que me seduce.
No es que me sedujera lo estrafalario, sino que me envuelve la historia que puede llegar a contar mi casa entre esos ruiditos.
Más allá de mi mundo hogareño, soy una ávida observadora de todo, soy de las que se sube al colectivo y no quiere perderse de ningún detalle como si quisiera fotografiar cada lugar que pasa por delante de mis ojos, cada barrio, plaza o simplemente personas que me llaman la atención. La gente creerá que les estoy haciendo mal de ojo o que estoy un poco pirucha pero cada persona que pasa por enfrente mío, cada lugar que observo, hacen que mi imaginación fluya sin interrupciones ni diques, pudiendo nadar libremente por los caudales de mi locos pensamientos… Lo sé, a veces ni siquiera muestro mi locura pero en el fondo soy una loca más del montón, sólo que un tanto más tímida…
Lo bello no es sólo un paisaje ni tampoco algo lujoso o perfecto, lo bello del mundo va por otro lado, lo bello es elegido por cada uno, por lo que nosotros pensamos que es realmente merecedor del calificativo “bello”… Para mí lo es todo aunque suene muy optimista, todo tiene su lado bello, su lado feo, su lado bueno y malo, pero es cuestión de saber escarbar y darse cuenta que no todo lo que es, es lo que parece, ni todo es completamente una sola cosa si me llego a explicar bien.
Siento que me fui por las ramas, pero en eso soy tan experta que no pienso borrar nada, además me emociona volver a tipear algo que piense o algo que me emocione escribir…
Volviendoooo…
Aprendí mucho estos años con sólo comenzar a ver el mundo a mi alrededor, a ver qué había allá afuera. Mucho tiempo llevaba cuadernos en la mochila por si acaso y muchas veces me largué a escribir en el colectivo. Hasta una paloma podía inspirarme. Debo haber llenado unos diez cuadernitos el año pasado, sólo contando lo que pensaba o lo que había visto o lo que me había producido alguna cosa que había captado, oído o sentido.
El mundo es una gran inspiración, mi mundo, el mundo de todos, el tuyo, el de quin se anime, sólo hay que prestarle atención y ver las cosas que nos brinda. A mí me ha servido en la vida, me ha servido para recapacitar o para simplemente alimentar mi pasión por la escritura y como dice Tuñón, embellecerla. Todos deberían voltear la cabeza cada tanto y ver lo que nos ofrece nuestro entorno.
A veces, podés encontrar soluciones que nunca imaginaste encontrar con sólo observar un minuto a tu alrededor… o simplemente encontrar nuevas cosas que nunca hubieras conocido sin detenerte a contemplar lo bello de nuestro mundo diario…
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