Ya es costumbre que llegué el fin de semana y encontrarme conmigo misma, sumida en mi cama con el pijama aún puesto a la tarde y preguntarme desconsolada: Qué estoy haciendo con mi vida? Aunque por momentos pienso que soy un poco estúpida al pensar que la vida depende de los demás y sin ellos, la mía no se encamina. - No salís hace una semana. Ya van dos, Victoria... un mes. La culpa no es de otros. Debo asumir mi culpa también. No me siento cómoda con la soledad. Puede llegar a ser un manto reconfortante y abrigador que me hace sentir segura, en mi hogar... donde tengo el espacio para escuchar mi cabeza y reflexionar cosas que pasé desapercibida en el día a día a causa de los ruidos cotidianos. Cuando llega el fin de semana, el mundo se revoluciona y todos los que no tienen planes se sienten solos... sentimos el peso de no saber dónde parar o a quién acudir para aprovechar el tiempo libre... todo vale: amigos, pareja o alguna perso...
Trato de convencerme que sólo es un obstáculo, de decirme que no es tan así como lo siento, nadie va a morir por ello. Nadie entiende lo que albergo en el pecho en este momento: Angustia, frustración, vergüenza, tristeza. En estos momentos, sólo atino a hacerme un bollito en mi cama, ya no quiero pensar ni sentir nada que me revuelva estos sentimientos. Los abrazos de mis almohadas me mantienen caliente y sólo quiero hundirme en las aventuras de mis sueños y olvidarme de lo negativo que llevo en la realidad. ¿Por qué siempre que amo algo, lo tengo que perder? Perdí amores, perdí oportunidades, perdí incontables batallas de forma tan injusta. ¿Lo merezco? Si es así, tengo que cambiarlo. Sé que soy especial, que tengo un motivo aún más especial que yo esperándome... Tengo la capacidad de transformar todo este dolor en algo valioso. Creo que es momento de renacer entre las cenizas. Capaz sólo fue una señal. Me due...