Busco dueño para mis heridas. No son profundas pero allí están.
Si te busco, es porque necesito de tu mano hábil y tu voz chispeante para saturarlas de una vez por todas. Pongo todo mi esmero y paciencia en la lista de materiales si lo deseas, tampoco exigiré un plazo… Los plazos son sólo excusas para seguir sangrando y ya me siento imposibilitada de aguantar una gota más calando mi espíritu.
No te veo impresionado… hasta puedo llegar a percibir que has visto magulladuras parecidas, con un mismo precio a pagar o hasta más altos.
Es lo que he prometido, ni un rasguño más ni uno menos. Este es mi mundo: deteriorado y lúgubre… pero he comenzado a ver las luces titilar por sus cristales rajados, a veces hasta enceguecedoras… pero aquello me ha revivido para luchar contra la oscuridad que me cautiva.
Si… Había construído un hogar aquí con toda mi vitalidad y sentimientos… Sólo que su anterior inquilino no quiso protegerlo y lo dejó morir allí, destruido en pedazos y mancillados con su indiferencia.
Los cuidados son simples, hasta desinteresados. Un poco de sol y compañía… así aguantará cualquier adversidad.
Puedes tomarlo o dejarlo…
Puedes pensar que es demasiado frágil para desperdiciar tiempo… o lo suficientemente invaluable como para atesorarlo.
Es lo que ves… es una flor de cristal…
Hay riesgo de cortarse con sus espinas pero entiéndela, sufrió lo suficiente y ha construído su defensa con el tiempo… Pero si llegas a sus pétalos, casi sin rasguño alguno, siéntete afortunado:
Ella ha vuelto a creer en el amor. En tu amor.
A veces se sentirá más frágil de lo normal, a veces puede que se sienta hecha del metal más resistente y se abrirá a ti en su mayor resplendor… pero bajo aquella mirada… sí, esa que le acabas de dedicar, puede que se transforme en una flor tersa, brillante, tuya incondicionalmente.
Llevo dentro del pecho un corazón cristalino ante ti, esmerilado y misterioso en algunos rincones… escarchado en lo más profundo y tornasolado para cuando lo admires con una luz esperanzadora; un corazón lleno de pétalos, hojas, tallos y espinas… enteramente de invaluable cristal.
Es un regalo, al final. Sí, he dicho un regalo… por quién se haya animado a remendarla y revivirla… merece el honor de decir que aquella hermosa flor le pertenece.
Te pertenece.
Es precioso! Te felicito.
ResponderEliminar